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lunes, 15 de noviembre de 2010

Reunión en el lago

Por el verde, verde prado, y hasta la orilla del lago,
uno, dos, tres, cuatro patos llegan para darse un baño.

Mamá pata y sus patitos que muy juntos todos nadan
se apartan de los demás hasta la ribera cercana.

Desde lejos les observan cuatro de otra bandada,
mientras planean su estrategia para pasar la velada.


Se separan en dos grupos, cada uno por su lado,
y marchan prado adelante encaminándose al lago.
Después de mucho volar, los ánades van llegando,
se congregan más y más palmípedos invitados.



En perfecta formación, colocados en hilera,
controlando desde allí a las aves laguneras.


Reciben con entusiasmo, con chapuzones y aplausos
al último en llegar, un pato blanco, muy blanco.
Da comienzo la reunión de atardecer en el lago,
con concierto y actuación para el público cercano.

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Fotos propias realizadas en los lagos de Costa Ballena en dos tardes diferentes de primavera y de otoño, respectivamente.

viernes, 30 de julio de 2010

Encuentro al atardecer

Se encontraban siempre al atardecer.
Ninguno de los dos necesitaba consultar un reloj ni escuchar un silbido para saber que había llegado ese esperado momento del día.
El estanque era el lugar ideal para su cita diaria.
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Al llegar, uno por cada lado, se detenían un instante.
Se miraban, aproximaban sus cabezas... y comenzaban un baile lento y suave, una coreografía de movimientos bien coordinados.
Su piel oscura brillaba en cada estudiada pirueta que dibujaban sus cuerpos.
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Así, un día tras otro, durante todo el verano, Molly y Jerome eran la atracción principal de todos los visitantes del parque.
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Foto propia realizada el verano pasado durante la visita al Loro Parque de Tenerife.

domingo, 14 de febrero de 2010

Café para dos

- Lo de siempre - decía.
En aquella cafetería ya conocían sus gustos.
Cuando llegaba, cada día a la misma hora, la camarera le mostraba una sonrisa y enseguida comenzaba a prepararle el café: un café solo corto, fuerte y cremoso a la vez, servido en taza pequeña.
Así le gustaba a él. Lo saboreaba despacio, sorbo a sorbo, mientras leía en el periódico las noticias diarias.

Un día llegó media hora más tarde que de costumbre y, cuando iba a pedir, escuchó a su lado una voz femenina que decía:
- Ponme un café solo cortito y cremoso, como a mí me gusta.
Se volvió hacia ella, sentada en un taburete y con el codo apoyado sobre la barra, hojeaba el diario. No la había visto antes por allí, pero por la forma de pedir debía ser también clienta habitual. Sólo con mirarla a los ojos claros y ver la sonrisa que le dedicó, supo que tenían en común algo más que la forma en que les gustaba el café.
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Desde aquel día cambió su hora habitual de ir a la cafetería para encontrarse con ella. Primero, intercambiaron sólo un par de frases amables, después, algún comentario sobre los acontecimientos que publicaba el periódico,…
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Dos semanas más tarde, llegaban juntos a la cafetería para pedir al unísono:
- Buenas tardes. Café para dos.
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Para acompañar este café para dos, la canción "Juntos" interpretada por Paloma San Basilio.
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sábado, 11 de julio de 2009

Una solución de oro

Una noticia curiosa me sorprendió mientras veía el noticiero de TV del viernes. No suelen hablar mucho de investigaciones científicas. En esta ocasión era una noticia sorprendente y excepcional.

- ¿Lo has oído, cariño? Han descubierto un método para curar el cáncer con partículas de oro.

Sí, habéis leído bien ¡con oro! Esto sí que es un uso maravilloso de este metal precioso... Según explicaba el científico descubridor, se podrán quemar las células cancerígenas sin dañar las células sanas de la zona afectada. Y además, el oro no ataca al organismo y se elimina después fácilmente.

- ¡Qué maravilla! ¡Ojalá que el tratamiento se pueda aplicar muy pronto…! ¡Hay tantas personas enfermas que lo necesitan! – respondió.

Y estuvimos comentando ambos los pormenores de la feliz noticia (al menos a nuestro nivel básico de conocimientos médicos) durante un rato.

Pablo, nuestro hijo pequeño, estaba jugando con sus coches por el suelo del salón, al otro lado del sofá. De pronto, se acercó a nosotros, cogió la mano derecha de ambos y señalando nuestros anillos, dijo:

- Papá, mamá, ¿esto es de oro?

- Sí, hijo – contestamos los dos casi al mismo tiempo.

- Entonces… ¿Por qué no le lleváis a ese médico los anillos y mi medalla para que pueda curar a la abuela de mi amigo Guille que está muy malita en el hospital?

Nos quedamos paralizados ante su razonamiento. Y, antes de explicarle (de forma comprensible para su edad) que no era tan fácil como eso, le dijimos:

- Ven aquí, campeón.

-
¡Eres un sol!

Y, emocionados, le dimos un fuerte abrazo y un montón de besos.
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La escena narrada es ficticia, pero la noticia en la que está basado el relato es absolutamente real, de lo cual me alegro enormemente. Mi sincera felicitación y admiración para el equipo de científicos que lo han descubierto y lo están desarrollando. ¡Qué importante es invertir más en investigación... !
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Si quieres, puedes ampliar la información en estos enlaces:
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martes, 30 de junio de 2009

En el banco

Llevaban un mes sin verse. Sólo algunas llamadas telefónicas. Tenían que hablar.
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- ¿Nos encontramos mañana a las 10 en el mismo banco de siempre? – propuso él.
- De acuerdo. Hasta mañana. – respondió ella y colgó el teléfono.
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Ella se levantó temprano para arreglarse con tranquilidad. Cogió el bolso y salió a la calle. Hacía un día soleado. A las diez menos cinco ya estaba en el parque y buscó aquel banco donde solían sentarse. Estaba vacío. Miró su reloj, “Aún es pronto”, pensó. Estaba impaciente, pero trató de calmarse y se sentó en el banco a esperarle.
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Él madrugó aquel día. Quería ducharse, afeitarse y desayunar sin prisa. Cogió la cazadora y las llaves del coche y salió hacia el garaje. A las diez menos cinco ya había encontrado aparcamiento en un lugar cercano. “¡Qué suerte! – pensó – esto es un buen presagio.” Estaba algo nervioso y tenía ganas de verla. Consultó su reloj, eran las diez en punto y se detuvo en la puerta de entrada del banco. “Seguro que tengo que esperar un poco.”
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Él no llegó nunca a aquel banco del parque. Ella se quedó esperando durante una hora y luego se marchó.
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Ella no llegó nunca a aquella oficina del banco. Él la esperó durante una hora y después se fue.
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Llevan dos meses sin verse. Ni una sola llamada telefónica. Ya no hay nada de que hablar.

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jueves, 14 de mayo de 2009

La búsqueda


Se había pasado diez años de su vida buscándola. Había recorrido desde las regiones más frías a las zonas más cálidas sin encontrar ni una sola huella de su existencia.
Sólo la había visto en las fotografías de aquel libro y, desde ese momento, se había quedado prendado de su singular belleza.
Aunque se negaba a reconocerlo, aquello se había convertido en una obsesión para él.
Un día, al regreso de uno de sus viajes, de pronto, la vio allí, en su jardín. Entre las rosas y los jazmines destacaba su estilizada figura, su sutil fragancia…
¿Sería posible? ¿Cómo había llegado? ¿Desde cuándo estaría allí? Y ahora estaba tan cerca…
Mil preguntas acudían a su mente mientras su corazón se aceleraba por la emoción, a medida que se acercaba a ella.
¡Era la flor más bella que había visto nunca!

Foto de Desnivelpress: Caminante en el Pico Urriellu. Fuente: Desnivel.com http://desnivel.com/deportes/escalada_en_roca/noticias/object.php?o=15492

jueves, 15 de enero de 2009

Un largo viaje

Cierra la maleta empujándola con ambas manos. Está llena, pero no ha conseguido meter todo lo que le hubiese gustado llevar.
Comprueba por segunda vez que lleva consigo el pasaporte y la cartilla de vacunaciones que le dieron en el centro médico el día anterior.
Una extraña sensación de desasosiego la invade de pronto, pero logra apartarla inmediatamente de su pensamiento.
Otra vez sonríe. Está contenta de poder realizar aquel viaje, tiene ganas de llegar cuanto antes… ¡hay tanto por hacer allí! Aunque, a la vez, no puede evitar sentir miedo, no por ella misma, ni por su seguridad, no, lo que le preocupa es que le impidan realizar su labor en aquel país.
Al dirigirse a la puerta, mira al espejo y se dice: “¡Adelante, Susana, vamos allá! Hacen falta muchas manos para ayudar. Esa gente está sufriendo mucho...” y le vienen a la mente las imágenes que ha visto en el telediario.
En pocos minutos un taxi la traslada al aeropuerto. Le espera un largo viaje. Su vuelo hacia Madrid sale en hora y media, allí se reunirá con otra compañera, después, ambas cogerán otro avión que, con escalas intermedias, las llevará rumbo a aquel territorio que se ha convertido en un infierno, en una trampa mortal para la población civil.
Susana tiene treinta años, es cooperante de una ONG y se dirige a Gaza para realizar labores humanitarias.
... ¡Que la fe en Dios y la esperanza en el ser humano la acompañen!

martes, 16 de diciembre de 2008

Montar el belén

- ¿Recuerdas, abuela, cómo celebrabas la navidad cuando eras niña?
- Claro, lo pasábamos muy bien. Por la tarde, nos juntábamos con los primos y los amigos para cantar villancicos con nuestras panderetas y zambombas por las casas de todo el barrio. Para la cena, nos reuníamos toda la familia en casa de mis abuelos y de postre había dulces de navidad, lo que más me gustaba era el mazapán y las peladillas.
- ¡Qué bien...! ¿Y qué más hacías? Cuéntame, abuela...
- Unos días antes de que llegaran las fiestas, todos los hermanos íbamos con papá al campo y recogíamos piedras, arena, ramitas y un poco de musgo para montar el belén en casa.
- ¿El belén? ¿Y cómo lo hacíais?
- Mamá sacaba con mucho cuidado las figuras de barro de la caja donde las guardaba entre paja y papel de periódico. Papá colocaba en un rincón de la sala sobre dos taburetes una tabla grande, la cubría con plástico y unas telas viejas y empezaba a echar encima la arena… entonces, mis hermanos ponían las piedrecitas, las ramas,… y yo hacía un río con el papel de plata de una tableta de chocolate. Después, papá situaba al fondo el castillo y el molino, a un lado algunas casitas y en el lugar principal el portal. Mamá nos dejaba colocar a cada uno dos o tres figuras y los animalitos: ovejas, vacas, gallinas, patos… y ella se encargaba de poner a san José, la Virgen y el Niño y, ¡ya estaba terminado nuestro nacimiento! Tardábamos dos o tres tardes, pero siempre nos quedaba muy bonito.
La chiquilla mira a la abuela con los ojos muy abiertos y la escucha ensimismada. Todo esto es nuevo para ella. Ha pasado las navidades de los cinco años anteriores en Londres donde vivía con sus padres hasta hace sólo unos meses que regresaron de nuevo a España. Sus ojos brillan de emoción y con una inocente sonrisa pregunta:
- ¿Crees que papá y mamá me dejarían montar un belén en casa? ¿Me ayudarías a hacerlo, abuela?
- ¡Claro, pequeña! Me encantará. Estoy deseando que empecemos...
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Fotos propias. Belén realizado por las madres de la asociación del colegio.

A todas las personas que siguen manteniendo vivas estas hermosas tradiciones.

¡Feliz Navidad a todos!

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viernes, 26 de septiembre de 2008

Quiero ser como...

- Mamá, cuando crezca, yo quiero ser tan grande como ese pájaro.
- Hijo mío, eso no puede ser. Tú crecerás y, con suerte, serás un poquito más grande que yo y que tu padre, pero nunca llegarás a tener ese tamaño.
- Mamá, cuando sea mayor, yo quiero volar tan alto como ese pájaro.
- Hijo mío, eso no puede ser. Tú aprenderás a volar por encima de los árboles y de las casas, pero nunca llegarás a volar sobre las nubes.

- Mamá, cuando sea grande, yo quiero dibujar una estela en el cielo como ese pájaro.

- Hijo mío, eso no puede ser. Tú podrás planear y hacer piruetas en el aire, pero no dibujarás ninguna estela.

- Mamá, cuando deje este nido, yo quiero viajar muy lejos y conocer otros países como ese pájaro.

- Hijo mío, eso sí que podrás hacerlo. Tú volarás junto a toda la bandada para buscar otro país más cálido donde pasar el invierno.

- Mamá... Y ¿cómo se llama ese pájaro?

- Hijo mío, ese pájaro tan grande, que vuela tan alto, que dibuja estelas en el cielo y que viaja tan lejos, se llama... avión.


Moraleja:
¡Elige bien a quién admiras! ¡Cuidado con los ídolos de barro (o de metal, en este caso)!

viernes, 19 de septiembre de 2008

Pasión por el agua

Le encantaba el agua. Desde que aprendió a nadar, disfrutaba cada día de verano de su hora del baño. Así fue un verano tras otro, un año tras otro...
En sus años de infancia, se bañaba en la alberca que tenían sus abuelos en el pueblo. Más tarde, en la adolescencia, en la piscina del polideportivo donde iba con su hermano mayor. Después, en su juventud, en el río donde iba de excursión con un grupo de amigas o con su novio. Posteriormente, ya toda una mujer trabajadora, casada y con dos hijos, en el mar, el ancho mar, en la villa costera donde pasaba su mes de vacaciones.
Cuando salía del agua, después de un largo baño, era como si aumentara su vitalidad, se encontraba cargada de energía y era capaz de hacer todo lo que se proponía.
Este verano cumplió 70 años. Un día del mes de agosto la encontraron dentro del acuario en la residencia donde la habían dejado sus hijos para irse de vacaciones. Ahogada, sin vida, pero con una sonrisa en los labios...
Se llamaba Mar Lagos Ríos.

martes, 2 de septiembre de 2008

Volver... a la normalidad

Con toda parsimonia, con movimientos relentizados, dobló por las marcas perforadas y arrancó con sumo cuidado la hoja del calendario que mostraba los meses de julio y agosto. Con ella en la mano se dirigió hacia el contenedor de papel que estaba en un rincón de la oficina. ¡62 largos días de verano reducidos de pronto a un papel usado donde, con suerte, alguien anotaría por detrás un teléfono o una dirección antes de enviarlo a reciclar! ¡30 días de vacaciones ya disfrutadas que volaban para convertirse sólo en recuerdos y aventuras que contar!
Miró a su alrededor. La oficina, sola y en silencio, le parecía más grande. Había llegado antes que el resto de sus compañeros, como siempre. Se sentó en el sillón de su escritorio y, con cierta desgana, encendió el ordenador. Suspiró mientras venían a su mente las imágenes de uno de los días de vacaciones que más se había divertido toda la familia... Sonrió y se le iluminó la mirada. Casi al mismo tiempo escuchó los pasos, las voces y las risas de dos compañeras acercándose por el pasillo. "¡Ya están llegando! Aquí vienen..."
"Vamos, guapa, espabila que ya va siendo hora de ponerse a trabajar..." se dijo. Y como si, de pronto, alguien le hubiera apretado un resorte interno, estiró los hombros, respiró hondo y comenzó a teclear su contraseña para acceder al programa.
Treinta minutos más tarde ya había saludado a todos los de la oficina, había comentado con los más afines algún episodio de las (ya pasadas) vacaciones y estaba cumplimentando informes, consultando boletines y atendiendo las llamadas telefónicas con la misma rapidez y eficiencia que solía hacerlo siempre y hasta con una sonrisa en los labios porque ella (quizá sea un bicho raro) está contenta con su trabajo."¡Qué alegría volver... a la normalidad!".
A todas y todos los que esta semana habéis vuelto al trabajo tras las vacaciones.

viernes, 8 de agosto de 2008

Volando en libertad (II)


"Cuando Juan Gaviota volvió a la Bandada ya en la playa, era totalmente de noche. Estaba mareado y rendido. No obstante, y no sin satisfacción, hizo un rizo para aterrizar y un tonel rápido justo antes de tocar tierra. Cuando sepan, pensó, lo del Descubrimiento, se pondrán locos de alegría. ¡Cuánto mayor sentido tiene ahora la vida! En lugar de nuestro lento y pesado ir y venir a los pesqueros, ¡hay una razón para vivir! Podremos alzarnos sobre nuestra ignorancia, podremos descubrirnos como criaturas de perfección, inteligencia y habilidad. ¡Podremos ser libres!

¡Podremos aprender a volar!"
(RICHARD BACH, Juan Salvador Gaviota)

Hoy, por segunda vez, cito en el post un fragmento de Juan Salvador Gaviota. Como ya dije, me gustó mucho cuando lo leí hace bastantes años y, este verano, encontré el libro (una edición de 1978) y lo he releído señalando algunos textos para reflexionar sobre ellos y sacar conclusiones adaptadas a nuestra vida actual y el mundo que nos rodea.
¡Qué gran decepción se llevó ante la reacción de la bandada por su descubrimiento! Todo lo contrario a lo que con ilusión esperaba.
Algunas personas, por ser demasiado idealistas o muy innovadores o ..., sufren la incomprensión por parte del grupo al que pertenecen (e incluso el rechazo por ser "diferente"). Hace falta tener un alto autoconcepto y mucha voluntad para seguir defendiendo las propias ideas, proyectos o decisiones aun en contra de la opinión del entorno inmediato. No es nada fácil "luchar contra viento y marea" si no cuentas, al menos, con el apoyo de uno o más de tus seres queridos.
No sé si alguien se sentirá identificado con esta situación en algún momento de su vida.
A todas esas personas luchadoras que defienden sus ideales y sus criterios por encima de convenciones, ¡adelante! ése es el camino: utilizar la inteligencia y la habilidad para dar mayor sentido a la vida y tener una razón para vivir (o mejor si encuentras más de una).
¡Mucho ánimo y suerte a todas y a todos...! ¡Podemos ser libres! ¡Podemos aprender a volar!

sábado, 26 de julio de 2008

Viaje hacia el interior

Muchos solemos relacionar las vacaciones de verano con la realización de un viaje más o menos largo, más o menos esperado, más o menos exótico, más o menos soñado...

En ocasiones nos pasamos semanas planeando con ilusión el destino al que vamos a viajar; buscando información cultural o turística de la zona en Internet, libros o revistas; consultando posibilidades de vuelos, trenes, autobuses y ofertas de hoteles, casas rurales o apartamentos... Reconozco que soy una de esas personas que disfruta con los preparativos y los prolegómenos casi tanto como con el viaje mismo.

Después, cuando llega el momento de emprender el viaje, llegan también las compras de última hora, los nervios, el entusiasmo y la emoción que, a veces, se enfría un poco por la espera en aeropuertos o estaciones o la larga cola de vehículos en una carretera.

Por fin, llegamos a nuestro destino elegido y tratamos de programar minuciosamente las visitas, el recorrido o las actividades de cada día para aprovechar las horas al máximo. Esos cinco, siete o diez días de vacaciones se nos pasan volando y casi nunca conseguimos cumplir todos los objetivos previstos. Nos falta tiempo para visitar un castillo precioso que está a 50 km. de nuestro hotel, para recrearnos en la contemplación de las pinturas de un museo o para hacer una ruta de senderismo por la garganta de un río.

Pero lo fundamental del viaje es que disfrutemos de esa experiencia única (o incluso irrepetible) con la mente abierta; que nos llevemos esas sensaciones de contemplar un paisaje, una obra de arte, una ciudad, impregnadas en todos nuestros sentidos; que paladeemos ese tiempo minuto a minuto a pesar del cansancio, de las colas para visitar los monumentos, del calor, el frío o la lluvia; que conozcamos y apreciemos a las gentes del lugar; que despertemos nuestro espíritu aventurero y alimentemos nuestro espíritu creativo...
O, dicho más brevemente, con dos estrofas de un poema que escribí al finalizar un viaje que me dejó huella:

Salir de tu población,
abrir los ojos, la mente,
conocer otras culturas,
muchos pueblos diferentes,
un poco de arte y de historia,
y a maravillosa gente.

Renovar el interior,
impregnarse del ambiente,
sentir que a tu alrededor
hay un paraje excelente,
magnífico, encantador...
Y… a gozar ¡Menuda suerte!

Hace unos días, releyendo un libro de Rosa Regás encontré esta cita en la que una de sus protagonistas explica lo que es viajar para ella (por supuesto, mucho mejor que yo porque es una gran narradora). Os la transcribo a continuación. Analizadla, comentadla,... disfrutadla. Si podéis, leed el libro completo, os lo recomiendo, son 17 relatos narrados en primera persona con escenarios variados, situaciones actuales y personajes cercanos.

"... Pero para mí viajar es otra cosa. ...Viajar es desvelar una realidad que se encuentra en el lugar adonde vamos, es sentir el aire, ver el paisaje, conocer a sus gentes, oír los ruidos de sus calles. Viajar es descubrir no sólo esa realidad, sino entrar un poco más adentro de nosotros mismos para saber cómo nos comportamos en situaciones que no son habituales."

(ROSA REGÁS, "Viento armado" - fragmento del relato "Lucy")


jueves, 3 de julio de 2008

Volando en libertad (I)


"La mayoría de las gaviotas no se molestan en aprender sino las normas de vuelo más elementales: cómo ir y volver entre playa y comida. Para la mayoría de las gaviotas, no es volar lo que importa, sino comer. Para esta gaviota, sin embargo, no era comer lo que le importaba, sino volar. Más que nada en el mundo, Juan Salvador Gaviota amaba volar."
(Richard Bach - "Juan Salvador Gaviota")

Hoy, supongo que por asociación de ideas, la buena noticia de la liberación en Colombia de la candidata a la presidencia y otros 14 rehenes de su larguísimo secuestro, me ha hecho pensar en el valor de la libertad y en este libro. Creo que también Ingrid Betancourt -como Juan Gaviota- necesitaba, más aún que comer, más que nada en el mundo, volar, sentirse en libertad.
Recuerdo que, cuando leí este relato, en mi época de estudiante, me encantó aunque, en aquel momento, quizá no comprendí del todo el mensaje del autor. Tenía mucha fuerza y algo de magia y fantasía al mismo tiempo. Me parece un canto a la libertad y a la fe en las propias capacidades para alcanzar un sueño.
Ojalá hubiera muchas personas que lucharan como Juan Gaviota para superarse y lograr su meta. Que para ellas lo más importante fuera volar, volar libres, y no sólo el sustento de cada día (comer) como les ocurre a la mayoría de las gaviotas (y de la gente).
Quizá muchos de vosotros lleváis ese Juan Salvador Gaviota dentro y aún no lo habéis descubierto. Dejadlo volar... en libertad.

jueves, 26 de junio de 2008

Encuentro en el tren


Sentada junto a la ventanilla, Celia está inmersa en la lectura del libro que sostiene con ambas manos.
“Paralizada por la sorpresa, abre sus enormes ojos mientras, paso a paso, el hombre del traje gris se acerca lentamente…”
Una voz grave la saca bruscamente del ensimismamiento:
- Hola, ¿puedo sentarme?
- Sí, claro – responde mirando fijamente al hombre del traje gris que se sienta enfrente.
- “Próxima estación: Atocha” – anuncian por megafonía.
- ¡Mi destino! – suspira aliviada.
Cierra el libro, coge su mochila y camina deprisa hacia la salida. Tras ella, se cierra la puerta del vagón… totalmente vacío.

Escribí este relato en mayo para el II Concurso de relatos cortos convocado por RENFE Cercanías de Madrid. No conseguí quedar entre los premiados, pero... lo importante es participar. Al menos, eso nos decían antes.
La verdad es que resulta difícil condensar una historia que diga algo en tan pocas palabras (el máximo en este certamen era 99, pero hay otros con menos). Ahora parece que se han puesto de moda los relatos cortos o microrrelatos y se convocan bastantes concursos de ese tipo. Si os interesa el tema, os recomiendo visitar las siguientes páginas web:
En ellas publican anuncios de concursos literarios de cuentos, relatos, poesía... de España e Hispanoamérica.